Para empezar, les quiero compartir una frase que está muy relacionada con la nutrición emocional:
“Es la energía que fluye entre las personas cuando se sienten vistas, escuchadas y valoradas, cuando pueden dar y recibir sin juicios y cuando a partir de la relación se gana sustento y fortaleza” -Brené Brown
La nutrición emocional nos da la posibilidad de confirmar nuestra existencia para nosotros y para el otro, nos exige un desarrollo de consciencia, un manejo de emociones y ojalá un “darme cuenta” de la propia sombra, donde nos aceptemos a nosotros mismos con lo que ilumina y lo que usualmente escondemos, mejor dicho, con todo lo que somos; solo así nos podemos poner completos para nutrir a nuestros hijos.
Y cuando hablo de nutrir a nuestros hijos, no me refiero precisamente a la nutrición corporal, porque para esa contamos con la dicha de tener a la mano una Pony Malta que tiene los mejores nutrientes. La emocional en cambio, nos exige poner incluso de lo que no hemos cultivado para nosotros mismos, por eso es tan o más importante que la corporal.
El tiempo en calidad y cantidad, la satisfacción propia y el auto-cuidado son importantes. El mejor ejemplo de esto es el de los aviones: primero el adulto se pone la máscara para respirar y después se la pone al niño. Creo que así funciona en todos los espacios, si no nos atendemos y nutrimos como adultos difícilmente lo vamos a lograr con nuestros hijos.
Para mí la intención de nutrir emocionalmente a mis hijos me ha invitado a reconciliarme con mi infancia, con eso que me no me gustó de ser niña, con la herida; a ser compasiva con mis papás y atender ese dolor para emprender un crecimiento personal desde mi raíz para ofrecerle a otros la contención que creo estoy en capacidad de ofrecer. Permitirme no ser suficiente, ha sido también parte de ese proceso; romperme, sentirme incapaz y otras frustraciones más han sido parte de esta “dieta” emocional.
Así que para nutrir a nuestros hijos debemos primero nutrirnos, reconocer la luz y la sombra, permitirnos el error, la desesperación, la frustración y otros sentimientos que la maternidad detona. Hacernos cargo de eso es una buena manera de perdonarnos cuando lo amerite y así mismo ayudar a reparar a otro.
Por una maternidad sin culpa y a conciencia.
Juliana Molina
Mamá de tres
Tallerista
Certified Positive Discipline Parenting Educator & Classroom
Estudiante Gestalt Trascendente en @Prisma
Fundadora Mamás al Ataque
www.mamasalataque.com
 

 

 

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